Científica de Unicaribe alerta sobre riesgo de disponibilidad y calidad de agua en la península

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*En el marco del XVI Coloquio Nacional del Seminario de Cultura Mexicana, sobre el Cambio Climático.

*La sobreexplotación y las descargas masivas amenazan el emblemático color azul turquesa del Mar Caribe y la salud del arrecife.

*Estudios proyectan disminución de 20% a 23% en la recarga de los acuíferos de la región; proponen reservas hidrogeológicas.

Cancún, Q. Roo, México, 23 octubre 2026.- En el marco del XVI Coloquio Nacional del Seminario de Cultura Mexicana, la Dra. Laura Margarita Hernández Terrones, investigadora y académica de la Universidad del Caribe, presentó un panorama sobre la situación del agua, advirtiendo que la península de Yucatán enfrenta severos desafíos estructurales y climáticos que ponen en riesgo su seguridad hídrica y ambiental.

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El balance roto: sequías, inundaciones y menor recarga

A pesar de que el 70.8% de la superficie terrestre es agua, el volumen disponible en ríos y lagos representa una fracción mínima a nivel global. En la península de Yucatán, el equilibrio del ciclo del agua se está fracturando. La variabilidad climatológica histórica de la región (dividida en temporadas de lluvias, nortes y secas) se está perdiendo debido al calentamiento global.

Modelos de balance hídrico presentados por la especialista estiman una disminución de la recarga de los acuíferos de entre el 20% y 23% en la península de Yucatán debido a las anomalías climáticas. Las altas temperaturas provocan una evaporación acelerada que impide la infiltración profunda, lo que deriva en un doble impacto destructivo: sequías prolongadas por un lado e inundaciones con alta turbidez y concentración de contaminantes por el otro.

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El peligro oculto: descargas masivas al Mar Caribe

Aproximadamente el 50% de la población mundial depende del agua subterránea. En la península, este recurso no solo sufre por la sobreexplotación de actividades humanas, sino también por la contaminación subterránea proveniente de fosas sépticas fracturadas o sin mantenimiento en zonas urbanas y rurales.

La investigación reveló datos alarmantes sobre el impacto de la actividad humana en el ecosistema marino:

  • Fuga de agua al mar: En promedio, se registra una descarga de 320 × 10⁶ m³ de agua subterránea por cada metro de costa al año, alcanzando su punto máximo en la reserva de Sian Ka'an.
  • Contaminación por nutrientes: Al multiplicar este flujo por los residuos filtrados en tierra, se calcula que el arrecife de Puerto Morelos recibe anualmente una carga masiva de 2,397 kg de nitrógeno y 75 kg de fósforo por kilómetro.
  • Pérdida del azul turquesa: Estas descargas inyectan un exceso de nutrientes en aguas que naturalmente son oligotróficas (libres de nutrientes), lo que genera la proliferación masiva de algas, altera el pH e induce enfermedades en los arrecifes de coral, amenazando la transparencia y el color característico del Mar Caribe.

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Impacto social, económico y de género

La crisis del agua impacta directamente la calidad de vida y la economía global, considerando que tres de cada cuatro empleos en el mundo dependen directamente del agua, siendo el sector agrícola y ganadero el mayor consumidor (70% del agua disponible) y sustento de más de 1,000 millones de personas.

Asimismo, la Dra. Hernández Terrones visibilizó el impacto social del desabasto, destacando su profunda relación con la brecha de género, ya que en múltiples comunidades vulnerables de México son las niñas y las mujeres quienes deben sacrificar su educación escolar para dedicarse a la recolección diaria de agua.

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Reservas Hidrogeológicas: La solución replicable

Frente a este escenario, la especialista enfatizó que la solución no radica únicamente en acciones individuales como "cerrar la llave", sino en transformar los patrones de consumo industrial y regular el uso del suelo mediante políticas públicas de conservación.

Como caso de éxito, se destacó el decreto de la Zona de Reserva Hidrogeológica en el Anillo de Cenotes de Yucatán, un proyecto impulsado en 2009 que logró proteger un área equivalente en superficie a 28 veces la plancha del Zócalo capitalino. Este modelo científico y ciudadano demostró que es posible regular las actividades productivas en superficie para salvaguardar la calidad y cantidad del agua subterránea sin expropiar el patrimonio de las comunidades locales, una estrategia urgente de replicar en Quintana Roo y el resto del país para mitigar los efectos del cambio climático.